viernes

El Fraude (la crisis de una amistad)

Hasta hace un momento revisaba la página de mi facebook cuando me encontré una foto de hace años en la que aparecemos varios amigos arriba de una camioneta. En esa foto aparecen Germán, Rafa, Lalo Arriaga y su servidor. Era la semana de las Josefinadas y estábamos a punto de comenzar el tan esperado rally anual en dónde se competía, no solo por llegar primero, sino por el arreglo de los coches en los que había que poner verdadera creatividad para que se vieran mu bien disfrazados. La verdad no recuerdo algún diseño en especial pero sí puedo comentar que los nuestros, a pesar que éramos varones con  poca capacidad para la decoración, nos divertíamos de lo lindo usando globos y la grasa  para zapatos para poner estupideces en los coches.

Hay que aclarar antes que estos rallies no era un evento más sino que era EL evento del año y que todo el colegio estaba al pendiente de esta magnífica carrera. La pregunta que podría  nacer en este momento sería: ¿por qué era el evento del colegio si había otros tantos que nos quitaban el aliento por igual, por ejemplo, los torneos del fútbol? Es verdad, estaban los torneos, el concurso de la canción, etc pero, el rally era especial porque representaba un desafío por toda la ciudad, nos hacía sentir que pertenecíamos a un evento muy especial y competíamos con todo un colegio - en una sola mañana- poniendo toda nuestro ingenio. El evento comenzaba a las 8 en punto de la mañana colocando los coches dentro de la escuela en las canchas de basquetbol para que el jurado pudiera decidir el mejor diseño. Ni que decir que el ambiente era inmejorable, que nos reíamos unos de otros de los arreglos que habíamos hecho en los coches y el que arrancara más risas entre los amigos era motivo de orgullo porque significaba que lo habías hecho muy bien. Obviamente NUNCA nos enteramos cuáles eran las reglas de la competición de decoración automotriz pero la realidad es que nos importaba muy poco porque lo importante era la convivencia con todos tus amigos. El siguiente momento era el más esperado de todos: la entrega de la primera pista y el silbatazo de salida. Los motores rugían esperando ese momento, hago un  paréntisis para dar luz a la frase "rugían" ya que los motores no eran otros como un Datsun, una VAM o una camioneta DART pero que nos hacían tocar el cielo pensando que éramos LOS pilotos del momento. El rally en sí constaba de varias pistas repartidas a lo largo de toda la ciudad. Las pistas se dividían en dos partes. la primera era resolver un acertijo  para llegar a la siguiente base y la segunda en contestar o llevar cosas a esa base. Si pensamos que llevar "cosas" era algo sencillo estaríamos equivocados porque eso era lo realmente divertido de todo el rally. Esas "cosas" eran como llevar una papa cocida y si no eras ducho en ortografía -cosa que pasábamos por alto muchas veces-  llavabas una papa coSida. Otra "cosa" podría ser vestirte de los personajes del Chavo del Ocho y llegar a la base bailando y haciendo estupideces para que te calificaran. Era una mañana espléndida que solo recordarla me hace reír de tanta tontería que hacíamos.

De los rallies que se me vienen a la memoria, lo coches que tuvimos que "diseñar" estuvieron: el Patamóvil - el Datsun de Roberto Palacios- la Aguacata, la Gremlin verde de Ángel, la camioneta de Lalo Arriaga y no estoy seguro si alguna vez corrimos en el coche del papá de Rafa que era un Dart café. El caso fue que en uno de los rallies, me parece que fue nuestro último año de prepa, cuando sucedió .... ¡¡el fraude!!.

Buscando en el diccionario de la RAE me encuentro que la definición de fraude es:

"Acción contraria a la verdad y a la rectitudque perjudica a la persona contra quien se comete"

Sí, durante años hemos vivido todos estos años pensando que todas las carreras fueron .. ¡limpias! pero... en ¿realidad así sucedió? Nunca lo sabremos, al menos ¡NO EN ESTA VIDA! Las opiniones se encuentran divididas en dos: Ellas dicen que no y el resto de la humanidad dice que sí hubo fraude. Antes de continuar hay que decir que el grupo  de "ellas" eran cuatro, las cuatro mas listas del colegio: Alicia, Malú, Raquel y si mal no recuerdo Chivis. En honor a la verdad no se si eran las MAS listas pero para algunos de nosotros sí que lo eran. El segundo grupo lo formaban el grupo  de los NO más listos del colegio: Ángel, Rafa. su servidor y en este momento se me va de la memoria el cuarto integrante. Ellas compitieron en el Mustang de Alicia y nosotros en la Aguacata de Ángel. Como se puede ir viendo, las ventajas se ven muy claras ya: nosotros estábamos por encima de ellas en inteligencia, creatividad y motores. La ciudad la atravesamos cual bólidos haciendo todo lo que nos pedían y llegamos ANTES que  ellas, de hecho por MUCHO tiempo antes que ellas. Todo hacia pensar que seríamos los ganadores pero ¿qué ocurrió? ¿en dónde se torcieron los hilos del destino? ¿quién en sus cinco sentidos pudo imaginar el resultado final? ¿quiénes fueron los jueces de ese día? Todo quedó gurdado en los "Archivos Secretos de los Rallies" y nunca nadie más pudo tener acceso a ellos. Cuando todos escuchamos el resultado ganador se nos salian los ojos del desconcierto, sorpresa, pasmo, estupefacción, chasco, exclamación, perplejidad, susto, conmoción, sobresalto y estupor al saber que los ganadores del rally fueron .... !ELLAS!

Aunque TODOS hemos sido conscientes del tamaño de este fraude nos hemos reído mucho a lo largo de los años y nos ha unido como amigos a casi todos nosotros y digo casi todos porque algunos ya nos han dejado como nuestra querida Chivis. El recordar todas estas anécdotas, no solo es revivirlas y sonreír, sino pensar que nuestros amigos siguen ahí porque han sido  parte de nuestra historia y de lo que somos en la actualidad. A todos ustedes un abrazo muy afectuoso y cariñoso y ojalá, aunque estemos lejos físicamente, la amistad siga fuerte hasta el final de nuestros días. 

martes

Libros: Los bandidos del Río Frío

Dentro  de la vena literaria que todos tienen, o algunos lo intentan, les recomiendo ampliamente un libro que leí hace tiempo y lo recordé al ver el título guardado en mi librero. "Los banadidos de Río Frío" de Manuel Payno, es un  libro obligado si les gusta la historia del México y enmarcado dentro del siglo XIX. Es de corte costumbrista y los personajes están tan bien delineados que los que hemos conocido, o  convivido, con gente del México antiguo, nos daremos cuenta que son un  retrato fiel de cada uno de los incluidos en la novela. Está escrito de forma amena y, sin hacer uso de un  lenguaje rebuscado, nos va llevando por las diferentes viscisitudes de la gente de esa época.

Lo que pudiera, en  cierta forma, "afectar" a la lectura es la cantidad de personajes que contiene pero hay algunos inolvidables que harán de la lectura algo bastante interesante. Entre ellos encontramos al Licenciado Lamaparilla, Juan Robreño que luego se convierte en  "Marcos", Evaristo el tornero, el coronel Relumbrón (inspirado  en  el coronel Juan Yáñez), Cecilia la vendedora de fruta, entre otros. Ante la pregunta de qué nos podemos esperar de esta lectura pensaba que además de mostrarnos el México de esos años, nos enseña un mosaico de personalidades, historias múltiples y la vida de las diferentes clases sociales que imperaban en esos momentos de la historia mexicana.

Si tienen oportunidad de leerlo, no de lerlo, se los recomiendo como un libro que no puedes dejar de pasar.


jueves

Recuerdos

Hace tiempo que traía en la cabeza el escribir de nuevo en este espacio que inició  hace ya muchos años y que he dejado también por otros tantos. Una excusa, que en realidad es verdad, es que tengo muchos y tan variados temas que no me decido por cuál empezar o por qué línea seguir este blog. Temas tales como ciencia, humanidades, la vida ordinaria o historias fantásticas que pugnan por salir de mi cabeza. Por otro lado, la falta de tiempo hace mella también en esta actividad que lo requiere y que te absorbe como una esponja se bebe el agua que se encuentra y es incapaz de dejarla a ir a menos que la exprimas. He de decir que no es queja, y ni mucho menos tengo la inteción de cortarme las venas ante esta realidad que se me impone como un hecho ineludible. Pretendo, y eso es lo que quiero decir, pretendo ir escribiendo en la medida que la vida, y sobre todo el tiempo, me lo permita para poder continuar con este blog que me niego a dejar como un niño se niega a dejar su juguete preferido. 

Aprovecho para comentar también, a raíz de mi pasado cumpleaños, sobre unos recuerdos que me asaltaron de forma inexorable al ver las tantas y variadas felicitaciones que me hicieron llegar. No se la razón por la cual me acordé de esta anécdota, ni voy  hacer el intento de aclararlo pero sucedió cuando cursábamos el segundo  año de prepa. Terminábamos la clase de dibujo con Quico y estábamos en una sola mesa trabajando Alicia, Gerardo González, Malú y yo cuando, a una de ellas, -Gerardo y yo éramos incapaces de pensar, maquinar u llevar a cabo una acción tan perniciosa como volarse una clase (biología era la que nos tocaba al final del día)- se le ocurrió irnos en cunclillas pegados a la pared para que el profesor no descubriera que dábamos por terminado el día de clases. Si ustedes recuerdan, el salón de dibujo estaba en el pasillo que daba al laboratorio al final del pasillo, luego estaba doble (nuestro salón),  después socio que hacía conexión con el pasillo de las escaleras. El plan era magnífico, estupendo, ideado por esas mentes brillantes que eran Alicia y Malú seguido por dos chicos inocentes e imberbes iniciados por los caminos del mal. Ángel, si algún día lees esto,  por favor no pienses que has sido seducido por esos caminos como lo fuimos nosotros. El caso es, íbamos los cuatro en fila india pegados a la pared sin que Silos nos pudiera ver. Todo marchaba sobre ruedas, un paso tras otro, disfrutando de nuestra próxima libertad no condicionada, pensando en los placeres que nos daba no estar ya en la clase de Biología cuando una voz desde lo alto nos preguntó: ¿a dónde van?Podrán pensar lo que quieran pero no, no era Dios el que nos hablaba desde las alturas sino la voz de nuestro muy preciado director Padre José Luis Pacheco. Sorpresa en nuestras caras,  risas contenidas, y desacierto en nuestros en los ojos hicieron mella en esos cuatro corazones aventureros que bajo la voz de mando de una de ellas que dijo "media vuelta ya!" deshicimos el camino de la misma forma que la hicimos de vuelta: pegados a la pared para que no nos viera Silos hasta que llegamos a la puerta y nos dejaran entrar. 

Es una pequeña anécdota que me hizo sonreír y quise compartir con ustedes para poder arrancárselas a ustedes de la misma forma. Un abrazo a todos

miércoles

El Restablecimiento de la Filosofía

Aquí es dejo un ensayo de uno de mis escritores y pensadores favoritos: G.K. Chesterton. Disfrútenlo. ¡Es demasiado bueno!.

La mejor razón para un resurgir de la filosofía es que, a menos que un hombre tenga una filosofía, le ocurrirán cosas horribles. Será práctico; será progresista; cultivará la eficiencia; confiará en la evolución; realizará el trabajo que tenga más a mano; se dedicará a los hechos, no a las palabras.
Así, derribado por un golpe tras otro de ciega estupidez y fortuito destino, andará dando tumbos hasta una muerte miserable, sin otro consuelo que una serie de reclamos, tales como los que catalogué antes.
Todo eso no es más que un simple sustituto de los pensamientos. En algunos casos son los apéndices y los últimos extremos de los pensamientos de otro.
Eso significa que un hombre que se niega a tener su propia filosofía no tendrá siquiera las ventajas de una bestia bruta, que vive según su instinto. Sólo dispondrá de los restos usados de la filosofía de algún otro; y eso es algo que las bestias no se ven obligadas a heredar; de ahí su felicidad.
Los hombres siempre tienen una de estas dos cosas: o una filosofía completa y consciente, o la aceptación inconsciente de los pedacitos rotos de alguna filosofía incompleta, destrozada y a menudo desacreditada. Esos pedacitos son las frases, que ya cité: eficiencia, evolución y todo lo demás.
La idea de ser ‘práctico’, así aislada, es todo lo que queda de un pragmatismo que no puede sostenerse en pie del todo. Es imposible ser práctico sin un ‘pragma’. ¿Y qué ocurriría si acudiéramos al primer hombre práctico que encontremos y le preguntáramos al pobre por su ‘pragma’? Hacer el trabajo que tenemos más cerca es una tontería evidente; aunque esto se haya repetido en muchos álbumes. En nueve casos de cada diez significaría realizar el trabajo para el cual estamos menos capacitados, tal como limpiar ventanas o golpear al guarda en la cabeza.
‘Hechos, no palabras’ es en sí mismo un ejemplo excelente de ‘Palabras, no pensamientos’. Es un hecho arrojar una piedra a un lago y es una palabra la que envía un recluso a la horca. Pero la verdad es que existen palabras absolutamente fútiles, y esta especie de filosofía periodística mezclada con ciencia popular está formada casi enteramente por ellas.
Algunos temen que la filosofía los aburra o los aturda, porque creen que no sólo es una retahíla de palabras largas, sino una maraña de ideas complicadas.
A esas personas se les escapa el aspecto más importante de la moderna situación. Esos son exactamente los males que todavía perduran, principalmente por falta de una filosofía.
Los políticos y los periódicos siempre están usando palabras largas. No es un completo consuelo que las usen mal. Las relaciones políticas y sociales se han complicado más allá de toda esperanza.
Son mucho más complicadas que cualquier página de metafísica medieval; la única diferencia está en que los hombres de la Edad Media podían desenredar la maraña y seguir las complicaciones; y los modernos no pueden. En nuestros días las cosas más prácticas, como las finanzas y la política, son terriblemente complicadas. Nos contentamos con tolerarlas porque nos contentamos con comprenderlas mal, no con entenderlas.
El mundo de los negocios necesita de la metafísica… para que lo simplifique.
Sé que estas palabras serán recibidas con desprecio y con ásperas aseveraciones de que éste no es momento para tonterías y paradojas, y que lo que realmente se necesita es un hombre práctico que venga y aclare el problema.
Y sin duda aparecerá un hombre práctico, uno de la interminable sucesión de hombres prácticos; y sin duda vendrá y sacará unos cuantos millones para él mismo y dejará el lío más embarullado que antes; como ha hecho anteriormente cada uno de los demás hombres prácticos.
La razón es perfectamente simple. Este tipo de persona un tanto burda e inconsciente siempre añade algo a la confusión; porque él mismo tiene dos o tres diferentes motivos en el mismo momento y no distingue entre ellos.
Ya enredados en su mente, sin esperanza, un hombre tiene: 1º. un intenso y humano deseo de enriquecerse; 2º, un deseo un tanto pedantesco y superficial de progresar y marchar de acuerdo con el mundo; 3º, un profundo disgusto porque lo crean demasiado viejo para estar a la altura de la gente joven; 4º, un cierto patriotismo o espíritu público, vago pero genuino; 5º, un concepto falso de un error cometido por H. G. Wells, en la forma de un libro sobre la evolución.
Cuando un hombre tiene todo esto en la cabeza y ni siquiera trata de clasificarlo, mediante consenso y aclamación unánime es llamado un hombre práctico.
Pero no se puede esperar que el hombre práctico enmiende la impracticable confusión, pues no puede aclarar la confusión de su propia mente, y mucho menos la de su propia comunidad y civilización, extraordinariamente complejas.
Por algún motivo extraño, se acostumbra a decir que este tipo de hombre práctico ‘conoce sus propias ideas’. Pero naturalmente, eso es lo primero que no conoce. En unos pocos casos afortunados, tal vez sepa lo que quiere, como lo sabe un perro o un chiquillo de dos años; pero ni aun entonces sabrá para qué lo quiere. Y es el cómo y el por qué lo que se debe considerar cuando se investiga el modo en que cierta cultura o tradición ha llegado a verse en un embrollo.
Lo que necesitamos, como lo comprendieron bien los antiguos, no es un político que sea también hombre de negocios, sino un rey que sea filósofo.
Pido disculpas por la palabra ‘rey’, que no es estrictamente necesaria al sentido, pero sugiero que precisamente sería una de las funciones del filósofo detenerse en tales palabras y determinar su importancia o su falta de importancia.
La República Romana y todos sus ciudadanos tuvieron hasta el final horror a la palabra ‘rey’. En consecuencia, inventaron y nos impusieron la palabra ‘emperador’.
Los grandes republicanos que fundaron América también tenían horror a la palabra ‘rey’, que por tanto reapareció con el especial matiz de Rey del Acero, Rey del Petróleo, Rey del Cerdo y otros monarcas similares, hechos de materiales similares.
La labor del filósofo no es necesariamente condenar la innovación o negar el distingo. Pero tiene el deber de preguntarse qué es exactamente lo que hay en la palabra ‘rey’ que le disgusta a él o a otros.
Si lo que le disgusta es que un hombre use la piel moteada de un animal llamado armiño, o que un clérigo le coloque a un hombre un aro de metal en la cabeza, decidirá de un modo. Si lo que le disgusta es que un hombre tenga vastos e irresponsables poderes sobre otros hombres, puede decidir de otro modo. Si lo que le disgusta es que la piel o tales poderes pasen de padre a hijo, deberá averiguar si esto ocurre actualmente en el mundo del comercio.
Pero, de todos modos, tendrá la costumbre de examinar el asunto por el pensamiento, por la idea de lo que le gusta o le disgusta; y no sólo por el modo como suena una sílaba o como lucen tres letras que comienzan con una ‘R’.
La filosofía es sólo pensamiento que ha sido pensado. A menudo es muy aburrida.
Pero el hombre no tiene alternativa, entre sufrir la influencia de pensamientos que han sido pensados y no sufrir la influencia de pensamientos que no han sido pensados. Esto es lo que comúnmente llamamos cultura y civilización hoy en día.
El hombre siempre sufre la influencia de alguna clase de pensamientos, los propios o los de algún otro; los de alguien en quien confía o los de alguien de quien nunca oyó hablar; pensados de primera, segunda o tercera mano; pensados a partir de desacreditadas leyendas o de rumores no verificados; pero siempre algo con la sombra de un sistema de valores y una razón para su preferencia.
El hombre siempre examina todo por medio de algo. La cuestión aquí es saber si alguien examinó alguna vez el examen.
Tomaré un ejemplo entre los mil que existen. ¿Cuál es la actitud de un hombre común cuando se le cuenta un suceso extraordinario: un milagro? Me refiero a eso que vagamente se llama sobrenatural, pero que tendría que llamarse más exactamente preternatural. Pues la palabra sobrenatural se aplica sólo a lo que es más alto que el hombre y una buena cantidad de milagros modernos tienen la apariencia de venir de lo que es considerablemente más bajo.
De cualquier modo, ¿qué dicen los hombres modernos cuando aparentemente se los confronta con algo que (por usar la trillada frase), no puede explicarse naturalmente?
Pues bien, la mayoría de los modernos, de inmediato se pone a decir tonterías. Cuando algo así se menciona corrientemente, en novelas, diarios o revistas, el primer comentario es siempre algo parecido a: “¡Pero, mi querido amigo, estamos en el siglo XX!”.
Merece la pena tener ciertos conocimientos de filosofía, aunque sea sólo para evitar hacer el tonto de un modo tan horrible. A fin de cuentas tiene menos sentido que decir: “¡Pero, mi querido amigo, estamos a martes por la tarde!”. Si los milagros no pueden ocurrir, no pueden ocurrir ni en el siglo XX ni en el XXI. Si pueden ocurrir, nadie sería capaz de probar que existe una época en que no puedan ocurrir.
Lo mejor que puede decirse del escéptico es que no puede decir lo que quiere expresar, y sea lo que sea lo que quiere expresar, no puede expresar lo que dice. Si sólo quiere decir que se puede creer en los milagros en el siglo XII, pero no se puede creer en ellos en el siglo XX, entonces se equivoca nuevamente, tanto en la teoría como en la práctica.

Se equivoca en la teoría porque el reconocimiento inteligente de las posibilidades no depende de una fecha sino de una filosofía. Un ateo podría no creer en el siglo I y un místico podría seguir creyendo en el siglo XX.
Y se equivoca en la práctica, porque todo muestra que habrá muchos milagros y mucho misticismo en el siglo XXI; y sin duda alguna su cantidad va en aumento en el siglo XX.
Pero sólo he tomado esa primera agudeza superficial porque hay un significado en el simple hecho de que viene primero; y su misma superficialidad revela algo de lo subconsciente. Son agudezas casi automáticas; y las palabras automáticas tienen cierta importancia en psicología.
No seamos demasiado severos con el digno caballero que informa a su querido compadre que estamos en el siglo XX. En las misteriosas profundidades de su ser, hasta ese enorme asno en realidad quiere decir algo.
El quid de la cuestión es que no puede explicar lo que quiere decir; y esa es la razón para una mejor educación filosófica.
Lo que quiere decir es esto, poco más o menos: “Hay una teoría que explica este misterioso universo, por la cual, en realidad, se inclinó cada vez más gente durante la segunda mitad del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX; y hasta ese punto al menos, la teoría creció con los inventos y los descubrimientos de la ciencia, a los que debemos nuestra actual organización –o desorganización- social. Esa teoría sostiene que causa y efecto han obrado desde el principio en una ininterrumpida secuencia como un destino inalterable; y que no hay voluntad tras ese destino; de modo que debe obrar por sí misma en ausencia de esa voluntad, como una máquina debe funcionar en ausencia del hombre. En el siglo XIX hubo más personas que sostuvieron esa particular teoría del universo. Yo, personalmente, la sostengo, y por lo tanto es evidente que no puedo creer en milagros”.
Todo eso tiene mucho sentido; pero también lo tiene la afirmación contraria: “Yo no sostengo esa teoría; y por lo tanto es evidente que puedo creer en los milagros”.
La ventaja de un hábito filosófico elemental es que le permite a un hombre comprender, por ejemplo, una afirmación como esta: “Si puede o no haber excepciones a un proceso, depende de la naturaleza de ese proceso”.
La desventaja de no tener ese hábito es que un hombre se impacientará ante esa perogrullada tan sencilla; y lo llamará jerigonza filosófica. Pero seguirá hablando y dirá: “No podemos tener esas cosas en el siglo XX”. Y eso es verdadera jerigonza.
Sin embargo seguramente se le podría explicar la primera aseveración en términos bastante sencillos. Si un hombre ve que un río corre cuesta abajo día tras día y año tras año, está muy justificado en calcular, hasta podríamos decir en asegurar, que seguirá así hasta que desaparezca.
Pero no está justificado para decir que no puede correr cuesta arriba hasta que sepa realmente por qué corre cuesta abajo. Decir que lo hace por gravitación responde a la cuestión física y no a la filosófica. Sólo repite que hay una repetición; no toca la cuestión más profunda de si esa repetición puede ser alterada por cualquier cosa fuera de ella. Y eso depende de si hay algo fuera de ella.
Por ejemplo, supongamos que un hombre ha visto al río en sueños. Puede haberlo visto en un centenar de sueños, siempre repitiéndose y siempre corriendo cuesta abajo. Pero eso no impediría que el sueño centésimo fuera distinto y el río trepara la montaña; porque el sueño es un sueño y hay algo fuera de él.
La simple repetición no prueba la realidad o lo inevitable de algo. Debemos reconocer la naturaleza del objeto y la causa de la repetición.
Si la naturaleza del objeto es una Creación y la causa un Creador, en otros términos, si la repetición misma es sólo la repetición de algo determinado por la voluntad de una persona, entonces no es imposible para esa misma persona determinar algo distinto.
Si un hombre es un tonto por creer en un Creador, entonces es un tonto por creer en un milagro; pero no de otra manera. De otra manera es simplemente un filósofo que es consecuente con su filosofía.
Un hombre moderno tiene absoluta libertad para elegir una u otra filosofía.
Pero lo que realmente le ocurre al hombre moderno es que no conoce siquiera su propia filosofía, sino sólo su propia fraseología. Sólo puede responder al próximo mensaje espiritual de un espiritista o a la próxima cifra confirmada por los médicos de Lourdes, repitiendo lo que generalmente no son más que frases; o, en el mejor de los casos, prejuicios.
De ese modo, cuando un hombre tan brillante como H.G. Wells dice que tales ideas sobrenaturales se han convertido en algo imposible ‘para personas inteligentes’, él –en ese momento- no habla como una persona inteligente.
En otros términos, no habla como un filósofo; porque ni siquiera dice lo que quiere expresar. Lo que quiere decir no es que sea ‘imposible para las personas inteligentes’, sino ‘imposible para los monistas’ o ‘imposible para los deterministas inteligentes’.
No es una negación de inteligencia sostener un concepto coherente y lógico en un mundo tan misterioso. No es una negación de inteligencia creer que toda experiencia es un sueño. No es signo de falta de inteligencia creer que es una ilusión, como creen ciertos budistas; y mucho menos creer que es un producto de una voluntad creadora, tal como creen los cristianos.
Siempre nos dicen que los hombres ya no deberían estar divididos de un modo tan abrupto por sus distintas religiones. Como paso inmediato en el progreso, es mucho más urgente que estén divididos más clara y abruptamente por distintas filosofías.

martes

Chistes cortos..

Aquí les dejo otros cortos de mi hermano Pepe Jiménez... ¡Un abrazo a él y a toda su familia!


-    Acabo de ver a un niño de 11 años comprando una cajetilla de cigarros mentolados. ¿Pueden creerlo? Tan chiquito y tan puñal

- Buenos días a todos menos al primero que se le ocurrió que era una buena idea madrugar, a ese no, por cabrón!

- Necesito un doble para las escenas de celos, son las más peligrosas.

—Oye papá, ¿es cierto que todos venimos del mono?
—No mijo, hay gente que viene por cesárea.

- Ese momento de desesperación al ver que el cable del cargador no llega hasta el baño.

- Ustedes disculparán el pinche aguacero, es que lavé mi coche


—No mames tuve pesadillas toda la noche

–Pues que soñaste ?

—Que trabajaba


- Doctor me despierto y en seguida me duele todo el cuerpo, ¿que tengo?

- Mas de 40 años


- Es imposible que le gustes a todos, no eres una gordita de chicharrón.


- Si duda soy multitasking. Puedo dejar de hacer varias cosas a la vez.


- Voy en la tercera cajita feliz y todavía sigo triste.


- Yo no soy la oveja negra... La negra es mi familia.


- Traigo el sueño de un diputado en sesión!


- Maldita maldición!
Lo que me faltaba: un mosco con insomnio!

- Ahorita que nadie me lee quiero aprovechar para confesarles que fui monaguillo cuando era Yo un niño.

El lado bueno es que fumar reduce considerablemente el riesgo de correr 10 kilómetros.

sábado

La Vida Según Hollywood...

¿Crees que la vida es como la ves? ¡Te equivocas! Los directores de Hollywood te dicen cómo es la realidad... ...en realidad.


Lo que ocurre en el mundo, según los directores de cine...

 * En toda investigación policial que se precie es necesario que los dos detectives tengan personalidades absolutamente incompatibles.

 * Todos los números de teléfonos de los Estados Unidos comienzan por 555.

 * La mayoría de los perros son inmortales.

 * Si alguien te persigue por el centro de la ciudad, siempre puedes quitártelos de encima ocultándote entre los participantes del desfile del Día de San Patricio, sea cual fuere la época del año.

 * Todas las bolsas de la compra del supermercado deben contener, como mínimo una barra de pan que sobresalga un poco.

 * Es fácil pilotar un avión y aterrizar con él si hay alguien en la torre de control que pueda dirigir la operación por radio.


 * Los sistemas de ventilación de los edificios son el escondite ideal: a nadie se le ocurrirá mirar en ellos y sirven, además, para desplazarse hasta cualquier parte del edificio sin dificultad.

 * Si tienes que recargar la pistola, siempre dispondrás de suficiente munición, aunque vayas desnudo.

 * Es muy probable que sobrevivas a cualquier batalla, a menos que cometas el error de enseñarle a alguien una foto de tu novia.

 * Si tienes que hacerte pasar por un militar alemán, no es necesario hablar el idioma; con tener acento alemán bastará. (Aplicable para cualquier idioma).

 * Si la ciudad se ve amenazada por un desastre natural o algún tipo de monstruo, la principal preocupación del alcalde será siempre la futura feria de comercio o su próxima exposición de arte.

 * La torre Eiffel se puede ver desde cualquier ventana de París.

 * Un hombre no se inmuta mientras recibe una paliza de campeonato, pero se queja cuando una mujer intenta limpiarle las heridas.

 * Si se ve en algún momento un vidrio de considerables dimensiones (sobre todo si lo llevan dos hombres) es que alguien va a atravesarlo en breves instantes.

 * Si tienes que pagar un taxi, no busques un billete en la cartera: saca lo que tengas en el bolsillo al azar. Siempre será el importe exacto.

 * El cruce de razas es genéticamente posible con cualquier bicho proveniente de cualquier parte del universo.

 * Las cocinas no tienen interruptores de luz. Si entras en una cocina de noche, deberás abrir el frigorífico e iluminarte con la luz interior.

 * Los procesadores de textos nunca tienen cursor, pero siempre se abren con una pantalla que dice: Introduzca la contraseña.

 * Todas las mañanas, las madres siempre cocinan huevos con tocino para la familia, aunque su marido y sus hijos no tengan tiempo para comérselos.

 * Los automóviles que chocan casi siempre acaban explotando, ardiendo o ambas cosas.

 * El comisario de policía siempre destituirá a su detective preferido, o le dará 48 horas para terminar el trabajo.

 * Un sólo fósforo sirve para iluminar una habitación del tamaño de un estadio de fútbol.

 * Los habitantes de ciudades y pueblos medievales tenían una dentadura perfecta.

 * Aunque en el siglo XX es posible disparar armas de fuego contra un objeto que esté fuera del alcance, la gente del siglo XXIII ha perdido esta tecnología.

 * Toda persona que sufra una pesadilla, se incorporará de golpe en la cama y jadeará sudorosa.

 * No es necesario decir hola ni adiós cuando se empieza o termina cualquier conversación telefónica.

 * Aunque conduzcamos por una cuesta abajo totalmente recta, es necesario girar el volante a izquierda y derecha cada cierto tiempo.

 * Las bombas van equipadas con temporizadores que tienen pantallas con grandes números rojos para que uno sepa cuándo van a estallar.

 * Siempre es posible estacionar delante del edificio al que se va de visita.

 * Un detective sólo resuelve un caso cuando ha sido destituido o despedido.

 * Si decides ponerte a bailar en la calle, notarás que todo el mundo que te rodea conoce los pasos.

 * Casi cualquier computadora portátil tiene suficiente potencia para acabar con el sistema de comunicaciones de una civilización extraterrestre invasora.

 * No importa si tus enemigos te superan en número durante una pelea de artes marciales: te atacarán de uno en uno, mientras esperan, con gesto agresivo, a que vayas acabando con sus compañeros.

 * Si una persona se queda inconsciente tras recibir un golpe fuerte en la cabeza, nunca sufrirá conmoción ni daños cerebrales.

 * Nadie que tenga que participar en una persecución de automóviles, en un secuestro, explosión, erupción volcánica o invasión extraterrestre sufrirá un desmayo inoportuno.

 * Las comisarías de policía someten a sus agentes a exámenes de personalidad para que tengan como compañero de patrulla a otro que es, justamente, lo opuesto a él.

 * Cuando están a solas, los extranjeros prefieren hablar inglés entre ellos.

 * Siempre hay una motosierra a mano si uno la necesita.

 * En cuestión de segundos, no hay cerradura que se resista si uno tiene a mano una tarjeta de crédito o un clip, a menos que sea la única puerta de acceso a una casa en llamas con un niño atrapado dentro.

 * Una verja eléctrica, lo bastante potente como para matar a un dinosaurio, no dejará secuelas duraderas en un niño de ocho años.


 * En los noticiarios de televisión siempre dan una noticia que tiene relación directa con uno mismo en ese preciso momento.

Carta de una madre a su hijo

Querido hijo:
Te escribo estas letras para que sepas que estoy viva. Estoy escribiéndote despacio porque sé que tú no eres de leer deprisa. Si recibes esta carta es que te llegó, y si no, me lo dices y te la mando otra vez.

El tiempo por aquí no está mal: la semana pasada sólo llovió dos
veces; la primera estuvo lloviendo tres días, y la segunda vez al día siguiente, cuatro.

Ya te mandé la chaqueta, tu tío Pepe dijo que si la mandábamos con botones pesaría mucho, y el envío sería muy caro, así que se los quitamos y se los metimos en el bolsillo de dentro.
Por fin ya pudimos enterrar a tu abuelo; lo encontramos cuando lo de la mudanza; estaba metido en el armario desde aquel día que nos ganó jugando al escondite.

Te cuento que el otro día explotó la cocina de gas y tu padre y yo salimos disparados por el aire y caímos fuera de la casa. ¡Qué emoción! Era la primera vez que tu padre y yo salíamos juntos de casa.

Vino el médico y me puso un tubo de cristal en la boca y me dijo que no podía hablar en diez minutos. Tu padre quería comprarle el tubo.

Perdona la mala letra y las faltas de ortografía; es que yo me canso de escribirte y ahora le estoy dictando a tu padre y ya sabes lo burro que es.

Y hablando de tu padre, ¡qué orgulloso está!. Te cuento que ahora tiene un buen trabajo, tiene 500 personas por debajo de él; es el encargado de segar el cementerio. El otro día leyó en el periódico que, según las encuestas, la mayoría de los accidentes ocurren a un kilómetro de casa, así que nos mudamos más lejos.

No vas a reconocer la casa; el sitio es muy guapo y hasta tengo lavadora, aunque no estoy segura de que funcione. Ayer metí la ropa, tiré de la cadena y desde ese momento no la volví a ver.

Tu hermana Julia, la que se casó con su marido, parió. Como todavía no sé de qué sexo es, no puedo decirte si eres tío o tía. Si es niña van a llamarla como yo. Ella, a tu hermana la llamará mamá. La otra hermana, Filomena, esta embarazada de cinco meses. Tu padre le preguntó si estaba segura de que era de ella.

Y por último, tu hermano Jacinto sigue tan despistado como siempre; el otro día cerró el coche, dejo las llaves dentro y tuvo que ir tres km. para allá y tres km. para acá, a casa, a por las otras, para poder sacarnos a tu padre y a mi de dentro del coche.

Tu primo Paco se casó y pasa toda la noche rezándole a la mujer porque le dijeron que era virgen.

A quien nunca más vimos por aquí es al tío Faustino, el que murió el año pasado.

Ahora el que nos tiene preocupados es tu perro, Cuqui; está empeñado en correr detrás de los coches que están parados.

¿Recuerdas a tu amigo Juanito? Ya no está en este mundo. Su padre murió hace dos meses y como había pedido ser enterrado en el lago, el pobre Juanito murió cavando la poza en el fondo.

Bueno, hijo, no te pongo dirección de la carta porque no la sé. La gente que vivió aquí antes, se llevó los números para no tener que cambiar de domicilio.

Si ves a doña Milagros salúdala de mi parte, y si no la ves no le digas nada.

Un abrazo. Te quiere

Tu madre


P.D. Iba a mandarte 100 euros pero ya cerré el sobre.

lunes

Disculpas sinceras


Aquí me tienen escribiendo una vez mas, unas sinceras disculpas por la falta de continuidad en el blog. Las últimas semanas, quizá cinco, no estoy seguro, he estado bastante ocupado debido al trabajo y no me ha sido posible escribir absolutamente nada. Estas dos semanas que siguen, es decir, esta y la siguiente, tengo salidas de varios días y a partir de ahí, al parecer, la carga bajará y podré continuar, no solo con el cuento, sino con otros temas de interés que traigo en la cabeza.

Por un lado, me gustaría comentarles las ideas que han germinado y estructurado para el cuento. La historia, como algunos de ustedes ya saben, empezó en México, ahora se ha pasado a Estados Unidos y seguirá en algunos países europeos tanto como del oeste como del este. Algunos personajes permanecerán fieles a la causa, otros harán traición y algunos darán sorpresas con su rol pero eso, como es obvio, no les daré adelantos para que cada quien haga sus propias conjeturas.

Nunca pensé que la historia se fuera complicando cada vez mas y, la verdad sea dicha, la he disfrutado creando a los personajes y los enredos en los que están metidos. Tengo algunas ideas que me gustaría discutir con algunos de ustedes para darle una mayor fuerza a la historia.

Además del cuento, tengo pendientes temas tales como pasajes de la historia, pueblos de México, música, libros y escritores. Pero a como han ido las cosas, tendré que poner un orden a las cosas que vayan surgiendo y ponerlas en lista de espera para el tintero virtual.

Espero escuchar sus comentarios y que pronto me pueda volver a sentar a escribir y compartir con ustedes por medio de este blog.

Un abrazo a todos!!

miércoles

Capítulo VII. Una historia sin contar. Primera misión.



Me sentía cansado, apaleado, humillado y con dolor en todas mis articulaciones. Las últimas dos semanas eran, por mucho, las peores que había tenido en muchos años, sin tomar en cuenta los días en los que Dabog comenzó a perseguirme. El entrenamiento al que nos tenían sometidos a los tres era bastante duro. El día comenzaba a las seis de la mañana, para correr ocho kilómetros alrededor de las grutas. Regresábamos a tomar una ducha de agua fría para fortalecer el cuerpo y terminar esa primera parte con un desayuno que consistía en frutas, cereales y, si el cocinero estaba de buen humor, podíamos a aspirar a unos huevos con tocino. Después nos dirigíamos al área de armas donde nos explicaban cómo utilizarlas, cargarlas, limpiarlas y en el que podría decir que no me sentía tan inútil después del tiroteo de la ciudad. Antes de la comida, teníamos sesiones de lucha cuerpo a cuerpo, donde invariablemente, me convertía en la bolsa de golpeo de casi todos de los del equipo, a excepción de Claudia, que había demostrado habilidades extraordinarias en rastreo satelital, y se la pasaba en la sala de operaciones aprendiendo sobre el uso de todos los equipos electrónicos para ese fin.  Por las tardes, nos explicaban como se distribuían los “Fuertes”, que era así a como llamaban a los lugares como en el que estábamos y eran las bases operacionales en cada país. De acuerdo a Ron, era indispensable tener conocimiento de cada uno de ellos porque serían nuestros contactos en cada país que atravesáramos.

Mientras me lamentaba en silencio de mi situación actual, sentado en un sillón del área de recreación de la base, observaba a la gente de mi equipo. Ángel, el inspector de policía que se unió a nosotros después de los asesinatos de Luis y personal de un banco de la ciudad, tenía en sus manos una magnum de 9 mm y discutía con Klemen sobre las ventajas y desventajas de la pistola. Por tener formación policíaca, en las prácticas de tiro y lucha cuerpo a cuerpo, no se le dificultó tener acceso, de forma relativamente rápida, a la confianza y el respeto de los demás. Klemen, de origen serbio y de unos 30 años de edad, era un francotirador infalible. Aprendió su oficio por parte de su padre cuando salían de caza en las montañas de su país. Era un tipo de 1.80 de altura, fornido, cabello castaño claro y  por lo general, su cara no solía mostrar ningún sentimiento. Era el segundo de cinco hermanos y fue el único sobreviviente en la mascare de su pueblo debido a un ataque por la gente de Dabog al rehusarse a unirse a sus filas. A un lado de ellos Courtney, llamada Shortney, o simplemente Short, debido a su altura, jugaba una partida de ajedrez con Pedro, el médico del equipo. Shortney, de 21 años, lucía un cabello rojo brillante que contrastaba con el verde de sus ojos. Era de natural alegre y siempre mostraba una gran sonrisa que le iluminaba el rostro. Desde joven había practicado ballet y acrobacia área en un poblado de Texas. Las familias que se negaron a unirse al demonio fueron perseguidas por sus secuaces y muchas de ellas fueron masacradas. La familia de ella logró huir pero su hermana mayor no corrió esa suerte al ser alcanzada por una bala por la espalda. Pedro, de 40 años, era un español de carácter impulsivo y médico de profesión. Se unió a la lucha después de que el hospital donde trabajaba fuera arrasado. Patrick, el genio en tecnología, era un joven de 29 años y no tan atlético como el resto, había sido el catedrático de ciencias más joven de la Universidad de Londres. Su barrio corrió la misma suerte que el poblado de Klemen. Usaba gafas de fondo de botella y  siempre parecía feliz cada vez que se encerraba en su laboratorio cibernético. Al fondo de la sala se encontraban Nicolai y Vera jugando un partido de ping pong. Nicolai, el ruso, militar de carrera, de 47 años de edad, actuó como espía del movimiento anti-demonio desde la oficina de Estrategia Militar Rusa, interfiriendo para evitar masacres en las poblaciones de su país, sin embargo, cuando fue descubierto huyó para el Fuerte de Estados Unidos. Vera, portuguesa de 33 años y bastante bonita, era una espía que se movía en los círculos sociales más altos de la sociedad. Mientras realizaba ese trabajo, fue de gran utilidad dando mucha información sobre políticos que eran cercanos al círculo de Dabog. Su padre fue un geólogo muy renombrado en Portugal y le enseñó todos los secretos sobre cómo utilizar explosivos sin causar daños colaterales. Fueron traicionados por su ex novio, que era un tipo bastante celoso, que al darse cuenta de su actividad habló con la policía. Antes de huir se encargó que nunca volviera a denunciar al grupo. Por último Jure, un muchacho de 25 años de edad, taciturno, jugaba con su cuchillo de doble filo apartado del resto del equipo. Él era arqueólogo en su país. Disfrutaba de las largas caminatas por las montañas y recorrió todo Eslovenia en busca de civilizaciones antiguas. Un día, encontró una cueva en los Alpes Julianos con un signo que ya conocía por el medallón, el triángulo encerrado en un círculo y alrededor de aquel lugar unos cuerpos sin corazón. Se enteró de la historia que me fue contada por Carmen (ver cap. IV) en el pueblo de sus antepasados. Al indagar más, se encontró con un descendiente de Jaroslav llamado Jaroslav El Joven, que era jefe de la resistencia en Elovenia, lo convenció de que se uniera a la lucha y ahora formaba parte de mi equipo.

Una voz a mis espaldas hizo que regresara de mis pensamientos. Era Carmen enfundada en uniforme militar y me dirigía una sonrisa.

-          ¿Qué haces aquí apartado del resto del grupo? – me preguntó de una forma casual y sin dar muestras de darse cuenta de mi estado de ánimo.

-          Bueno, al parecer sigo sin poder encajar en el grupo que me han sido asignado. Es verdad que estamos metidos en el mismo problema pero, para ellos, soy una carga  sin especiales habilidades para la lucha y que fungirán como niñeras en los días siguientes – dije con desaliento y sin levantar la vista del suelo.

Carmen guardó silencio unos momentos como sopesando las palabras que le había dirigido. Yo no me atrevía a levantar la vista, no por pena, sino porque odiaría descubrir la compasión pintada en su rostro. Yo no quería estar aquí, yo no quería ser el portador del único medio para deshacerse de aquél demonio, pero si tenía que hacerlo, a pesar de mis sentimientos encontrados, lo haría pero tampoco estaba dispuesto a que me mostraran compasión por no ser lo que ellos habían esperado de mí. Daría mi mejor esfuerzo en ello aun si eso representaba la vida misma.

-          No te preocupes por ellos. Darán su vida por ti si es necesario pero por otro lado, debes comprender que las expectativas creadas hacía el portador del medallón eran altas.

-          ¿Eran? – respondí con asombro y con enojo. - ¿Con eso quieres decir que no valgo mucho después de conocerme?

Carmen sonrió al oírme decir aquello, cosa que me molestó mucho más de lo que hubiera querido, y casi estuve a punto de decirle que se quedaran con el medallón y todo su miserable equipo cuando su voz volvió a escucharse impidiendo que saliera todo un torrente de improperios de mi boca.

-          Es sabido por las leyendas antiguas, que el portador, quienquiera que fuera éste, tendría que ser capaz de enfrentarse a Dabog, cosa que hizo suponer a todos, que sería un hombre o mujer con excepcionales capacidades físicas y versado en el arte de la lucha. No te sorprenda entonces que se sintieran un tanto desilusionados cuando te conocieron. Pero habemos algunos que no pensamos igual. Creemos que la verdadera fuerza del que lo vencerá, no residirá tanto en su fortaleza física sino en su inteligencia y cualidades interiores. El demonio es un ser sumamente inteligente y en una lucha cuerpo a cuerpo es invencible, así que deja de preocuparte tanto por lo que piensen de ti y ponte a estudiar al enemigo para hacerte una idea a quién te enfrentas.

Las palabras de Carmen hicieron que el enojo desapareciera por completo y viera las cosas desde una perspectiva diferente. Estaba claro que la forma de ganarle a Dabog no era enfrentarse físicamente a él, sino por el contrario, atraerle a aquella cueva para volver a ser encerrado con el menor número de bajas.

Pasaron los días de la misma forma que los anteriores, entre golpizas y aprendizaje de uso de equipos, pero ahora, en los ratos libres me dediqué a investigar más al enemigo. No quedé muy sorprendido al no encontrar gran cosa en las redes informáticas, estaba claro que el demonio tenía un gran equipo que se dedicaba a ocultar la información aunado a que tenía amigos poderosos en los gobiernos de los países. Uno de mis intereses principales, era enterarme cómo funcionaba el medallón para que, llegado el momento, supiera qué hacer pero al parecer, en la base en la que me encontraba, nadie sabía algo al respecto.

A la quinta semana de estar enterrados en la base militar, Ron reunió al equipo para darnos un comunicado. Para mí, y para el resto del equipo, supuso un cambio de la rutina diaria de actividades. En mi interior, deseaba salir de ahí, me sentía atrapado cuál sardina enlatada y tener algo de acción pero el entrenamiento era necesario si quería tener alguna posibilidad de sobrevivir. Nos sentamos alrededor de la mesa de conferencias con Ron al frente. El silencio inundaba la sala y solo se escuchaba la respiración del equipo en espera de lo que tenía que comunicarnos el jefe de la base.

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Esperábamos en una choza vieja de un poblado llamado La Presa, Texas. Afuera, el agua caía a raudales y casi daba igual estar a la intemperie que dentro de esta habitación. Ron nos había explicado que nuestra tarea era encontrar a un tipo llamado Jack que nos proporcionaría documentos falsos e instrucciones para continuar el viaje dentro de la zona estadounidense.

-          ¿Hace cuánto que se fue Short? – preguntó Nicolai, el jefe del grupo.

-          Aproximadamente dos horas comandante- contestó Claudia sin levantar la vista de su tableta electrónica.

-          ¿Has configurado el GPS con los mapas de la zona? – volvió a preguntar Nicolai a Claudia que se había convertido en la líder de comunicaciones del grupo junto con Patrick.

-          No todavía. Tener acceso a las redes o satélites desde esta zona no es nada fácil. Todas están bloqueadas y necesitamos penetrar sus firewalls sin ser detectados, como sabes, la zona fronteriza está dominada por la gente de Dabog- respondió Claudia sin perder la concentración de lo que estaba haciendo.

-          ¿Patrick? – ahora Nicolai se dirigió al genio de la tecnología

-          Estoy en ello comandante-. El delgado inglés estaba detrás de una mini laptop conectada online con la tableta de Claudia. -Solo necesito un poco más de tiempo antes de lograrlo.

A Nicolai se le podía notar nervioso, hacía dos horas que la rastreadora del grupo, Shortney,  se había ido a reconocer el terreno y localizar a Jack pero seguía sin dar muestras de vida. Los demás del grupo nos encontrábamos sentados en húmedo piso sin hacer gran cosa más que esperar. Después de 30 minutos, Claudia y Patrick habían logrado romper los sistemas de seguridad de los ordenadores y localizados rutas de escape pero la pequeña del grupo, Shortney rondaría los 1.50 m de altura, no daba señales de vida.

-          Comandante – dije con voz no tan alta-, permítame ir a buscarla.

-          Estás loco. Eres el único del grupo al que no podemos arriesgar, sin tomar en cuenta claro… tus habilidades físicas-. Nicolai logró sacar unas sonrisas al resto del grupo exceptuando al inspector.

-          Mire comandante – sin dejarme arredrar por su tono de burla-, no podemos continuar si no tenemos esos documentos, de hecho, sin esos documentos tendríamos que regresar al cuartel de donde partimos. De todos los aquí reunidos, que tiene una habilidad que ninguno de ustedes tiene: mis super sentidos. Puedo ver, escuchar y oler desde lejos y con una claridad que nos ayudarían en este momento.

-          Mira, sé que puedes hacerlo, pero puede ir cualquier otro del equipo – contestó todavía con un deje de burla en su voz pero su mirada se había puesto más seria.

-          Con esta lluvia torrencial y los truenos que se escuchan serían incapaces de ver o escuchar algo. Estoy dispuesto a ir ahora mismo a buscarla… e iré- puntualicé esa última palabra con gran firmeza.

-          Yo soy el jefe de esta misión así que …

-          No estoy intentando mermar su autoridad comandante – corté la frase de Nicolai -, solo le pido que lo considere, no tenemos muchas opciones.

El comandante se me quedó mirando por unos segundos reflexionando sobre lo que le había dicho. El silencio entre los demás se acentuó esperando la respuesta de Nicolai y para mis adentros pensé que ninguno se anotaría voluntariamente a la misión.

-          Muy bien, irás, pero con una condición, no te arriesgarás a ir a solo. Llévate a Vera, la experta en explosivos y la más capaz en la lucha si ésta llegara a presentarse.

Escuché un bufido detrás de mí pero no me importó, había ganado un tanto a Nicolai y eso fue un tanto a mi moral ya bastante decaída. Claudia nos dio un mapa con coordenadas del lugar envuelto en un material transparente para evitar que se mojara. Afuera, el clima estaba de los mil demonios, el viento azotaba nuestras caras y las gotas de agua eran como pequeños alfilerazos en la piel. Estábamos a un kilómetro de distancia de la choza y a unos 100 metros de un restaurant para camioneros a un lado de la Mangana Hein Road.  Nos ocultaban unos matorrales del desierto además de la gruesa lluvia que caía
.
-          Muy bien Portador – escuché la voz de Vera a mi lado, dándome el mote con el que me habían bautizado, con un tono de voz que no dejaba ninguna duda el enojo que le causaba estar conmigo en la búsqueda de Shortney - ¿cuál es el plan?

Sin contestarle todavía, estudiaba el lugar en el que hacía casi tres horas Shortney había desaparecido. Al lado izquierdo del restaurant se encontraban los tracto camiones estacionados. Un poco más a la izquierda, una casa vieja de una planta de donde no se percibía ninguna luz. Del lado derecho del establecimiento, se hallaba un edificio que debía ser la bodega donde se realizaría el contacto. La bodega colindaba con el descampado donde su frontera estaba marcada por una hilera larga de árboles. El restaurant se veía iluminado y bastante animado pero en el exterior no se veía ninguna persona. Lo más lógico era que Shortney revisara la parte externa de la bodega así que con una seña le pedí a Vera que me siguiera. Cruzamos la carretera a paso rápido dirigiéndonos hacia el descampado que se hallaba a un costado de la bodega. Nos ocultamos detrás de uno de los árboles y esperamos.

-          ¿Ves algo? – me dijo en un susurro Vera, ahora tensa, con sus sentidos en alerta y aunque vestía los lentes especiales para uso nocturno no tenían el alcance de mi vista.

-          Nada… todavía. Se supone que este es el lugar donde Jack nos daría los documentos pero no distingo ningún movimiento.

-          ¿Crees que Shortney se adentró en la bodega?

-          Es posible, pero antes de dar un paso caminaré unos doscientos metros más hacia… -l me detuve de pronto y levanté la cara como si estuviera oteando el aire.

-          ¿Qué pasa? ¿Ves algo? – preguntó Vera.

-          Espera… oigo voces – y concentrándome escuché voces de hombres dirigiéndose a alguien.

-          Así que ¿a qué hora era el encuentro de la reunión?” – era un voz masculina que denotaba impaciencia y soltando un golpe oí un gemido. No supe distinguir si era el gemido de una mujer o de un hombre pero en cualquier caso sería Jack o nuestra compañera. – “Dinos donde se encuentran y te dejaremos libre. Tú no nos importas gran cosa pero ellos tienen algo que nosotros queremos” – otro golpe y un gemido más.

Con un gesto de la mano le señalé a Vera que nos dirigiríamos a la parte posterior de la construcción. Dimos un rodeo ocultándonos detrás de los árboles. Mi sorpresa fue grande cuando vimos algunos automóviles parados ahí, con unas diez personas alrededor, todas armadas hasta los dientes. Los matones estaban escondidos para cuando nosotros llegáramos con el contacto. Vera me tocó el hombro y por medio de señas me dio a entender que esperara ahí, ella colocaría explosivos alrededor de la zona para cubrir nuestra retirada en caso de necesidad. No solo era muy bonita sino también bastante valiente esta mujer. Los hombres que estaban enfrente de mí me dieron lástima solo de pensar lo que les pasaría cuando se encontraran con ella de frente. Mientras Vera se retiraba, me puse a analizar el edificio. Era de dos plantas, hecho de lámina y sin ninguna ventana, probablemente tenía tragaluces en el techo para permitir la filtración de luz. La entrada se hallaba por un costado del edificio, y como era de esperarse, no había nadie cuidando esa zona. Las esquinas del edificio, contaban con tuberías que funcionaban para la caída el agua. Mientras seguía con el escrutinio de la bodega, vi sorprendido una sombra en lo alto de ella. Era imposible verla si no se tenían mis super sentidos pero ahí estaba, era indudable, era la figura de Shortney. Me preguntaba por dónde subió al techo pero, por los comentarios acerca de ella, era excepcionalmente habilidosa para esconderse y escabullirse. Una mano se posó en mi hombro, di la vuelta con rapidez pero una mano se posó en mi boca – ssshh soy yo-. Respiré con alivio al ver a Vera y le señalé el techo del edificio pero al notar que no veía nada le dije –Shortney-. En su rostro se reflejó el alivio y sonrió. La tomé del brazo y me la llevé a unos cien metros del lugar para poder planear el ataque. No teníamos tiempo para esperar al resto del equipo porque podrían matar a Jack y con ello, nosotros nos quedaríamos sin las instrucciones ni documentos falsos.

-          ¿Pusiste los explosivos? – pregunté a Vera en cuanto estuvimos lo suficientemente alejados para evitar ser oídos.

-          Sí. Están situados para provocar un infierno en cuanto sean activados – A continuación me explicó en dónde los había colocado con lo que nos dejaba como ruta de escape el descampado.

-          ¿Cuántas bengalas a control remoto tenemos a la mano?

-          Cuatro – respondió ella sin contratiempos.

-          Muy bien – dije sonriendo -. Este es el plan.

Los matones del demonio tenían ya cuatro horas bajo la lluvia y, por los comentarios que alcanzaba a escuchar estaban calados hasta los huesos y hartos de la espera. En el interior de la bodega todavía escuchaba ruidos, por lo que deduje que Jack seguía con vida. Shortney seguía en el techo sin poder bajar, y la compadecía bastante porque seguramente estaría en la misma situación que los secuaces. Cuando Vera se colocó a mi lado, pulsé el botón que dispararía las luces de bengala y en cuestión se segundos se escucharon cuatro silbidos terminando en explosiones rojas en el cielo. Seis guardias corrieron en distintas direcciones a los puntos de donde surgieron las explosiones. Cuando llegaron a los puntos exactos cuatro detonaciones surgieron de la nada haciéndolos pedazos. Pobres diablos, nunca se enterarían qué los mató.  Vera colocó las bengalas justo donde había colocado varios de sus explosivos. Gritos estallaron dentro del almacén y los cuatro pistoleros restantes corrieron para auxiliar al que al parecer era el jefe. Pero antes de que pudieran llegar a la puerta, los miserables habían caído bajo el fuego de nuestras armas. Vera y yo corrimos hacia la entrada de la bodega  y, siguiendo las técnicas que me habían enseñado, no entramos imprudentemente sino que esperamos agazapados en la puerta. Agudicé mi oído y pude contar siete respiraciones dentro, uno de ellos tenía que ser Jack, así que eso  hacía otros seis por vencer. Se lo hice saber a Vera con las manos, y me pareció ver una pequeña sonrisa en su cara, pero fue tan fugaz que me hizo pensar que fue mi imaginación. Me asomé ligeramente al interior detectando unos contenedores de acero lo suficiente cercanos para poder guarecernos de las balas de nuestros enemigos. Se los señalé a mi compañera que asintió con ligero movimiento de cabeza y nos preparamos para correr a la cuenta de tres. Hice la cuenta moviendo la cabeza y en cuanto di la tercera cabezada salimos disparados hacia los contenedores. Los disparos no se hicieron esperar, y solo escuchaba como rebotaban en el piso y en las láminas de las paredes pero yo no me detuve a averiguar en dónde pegaban ni qué daño estaban ocasionando. Al llegar al punto previsto, Vera ya me estaba esperando con una sonrisa.

-          ¿Asustado novato? – me preguntó ella sin el tono de burla que utilizaba normalmente conmigo sino más bien divertido.

-          Hasta los huesos – respondí yo con sinceridad.- ¡Pensé que me asarían a balazos en esta primera entrada!

-          ¿Puedes ver dónde se encuentran?

-          ¿Tus lentes ya no funcionan o quieres deshacerte de mí en cuanto asome la cabeza? – pregunté yo con el mismo tono de guasa que ella me dirigió primero.

-          Tú eres el hipersensible aquí, así que ponte a trabajar o te pondré a limpiarme las armas durante un mes novato – contestó ahora ya en el mismo tono.

Me arrastré hasta llegar al extremo del contenedor y enfoqué mis sentidos de la vista y el oído al máximo. Ahora que tenía la adrenalina encima, parecían funcionar mejor que cuando solo los utilizaba en “normal mode”, usando el modismo que Claudia utilizaba conmigo. Extraño, ahora solo escuchaba seis respiraciones ¿habrán matado a Jack? No lo sabía  a ciencia cierta, solo me quedó la esperanza de que no lo hubieran matado.

-          ¿Así que ahora vienen por su amigo? – se escuchó una potente voz detrás de los contenedores. – Él está aquí a mi lado, así que si se entregan y me dicen dónde está el medallón lo dejaremos ir libre.

Respiré con alivio sabiendo que Jack seguía vivo pero ¿entonces qué pasó con la otra respiración? ¿Por qué no la escuchaba?

-          ¡Ni hablar! – gritó Vera detrás de mí-. ¡Antes muertos que darte la llave para mantener a tu dueño dentro de este mundo!.

Tomé nota mental del carácter de Vera y prometí no hacerla enojar conmigo, para evitar escuchar esa voz determinada y cortante como el acero cuando se dirigió a la voz desconocida.

-          ¿Así que lo prefieren muerto eh? ¡Pues  veremos si es verdad!

Escuché el click del arma y grité:

-          ¡Espera! ¡No lo mates todavía! – le hice señas a Vera que por detrás de nosotros se acercaba alguien y en ese instante vi ráfagas de fuego saliendo de su semiautomática. Uno más había caído. - ¡No mandes a tus pistoleros todavía! ¡Hablemos por un momento!- Ahora escuchaba seis respiraciones del otro lado ¿seis? Debían ser cinco ¿Cómo seis otra vez?

Vera me lanzó una mirada interrogante pero la calmé con mi mano.

-          ¡Veo que ahora quieren negociar! ¡Denme al tipo del medallón y los dejaré libres!
Punto a nuestro favor, él no sabía que yo era ese tipo y que no seríamos tan tontos como para arriesgarlo en una misión como ésta. Afuera se escuchaba un griterío de gente provocado por las explosiones pero nadie se acercaba debido al fuego que nos cercaba. Cinco respiraciones. ¿Qué está pasando?

-          ¡Yo no quiero morir por un tipo como ése! – grité con fuerza y fingiendo desesperación- ¡A mí me obligaron a meterme en esto pero sé que no estoy del lado del vencedor sino del vencido! – Miré a Vera para tranquilizarla pero parecía que ahora ella entendía un poco el juego que estaba jugando.

-          ¡Maldito! – gritó a su vez y me pregunté si en realidad lo había entendido.

-          ¡Únete a nosotros y tendrás tu recompensa amigo! ¡Dabog es generoso con aquellos que se le unen por propia voluntad! – gritó el hombre.

Cuatro respiraciones. Había que seguir el juego. Con un gesto de mi mano le indiqué a Vera que rodeara por donde había matado al anterior. Ella se movió sigilosamente y yo disparé para simular su movimiento.

-          ¡No huyas! ¡Aunque quieras no podrás salir de aquí! – grité con furor y disparando al lugar donde anteriormente se encontraba ella.

-          ¡Maldito perro! ¡Aunque yo muera no te saldrás con la tuya! ¡Y yo que confiaba en ti! – sí claro pensé con ironía, hasta hace unas tres horas no parecía eso.

Tres respiraciones. Quedaba solo él .

-           ¡Estás rodeado amigo! ¡Tanta palabrería te ha vuelto arrogante pero ahora no tienes salida! ¡Entrégate tú  o morirás igual que tus amigos! – me dirigí a él intentando parecer rudo y con voz potente.

Silencio. Seguían las tres respiraciones pero me imaginaba su cara de incredulidad al escuchar lo que había dicho. Sonó un click en ese momento y una detonación. Salí corriendo de mi escondite gritando un ¡NO! Pero me detuve al instante al ver con sorpresa la cara de alegría de Shortney y a su lado con vida a Jack.


-          Bienvenido novato – fue su saludo dándome la mano.